| El juego es una actividad sin utilidad práctica cuyo único fin es el placer de quien la ejecuta.
Sin embargo, no puede ser considerado como actividad supérflua, sino que psicológicamente responde a una necesidad humana, tanto del niño como del adulto.
En la actualidad se dá una marcada revalorización del juego en la llamada civilización del ocio (vease temar relativos a la industria del juego o del ocio).
El juego espontáneo es el primer medio de expresión de la actividad psicomotora del niño. En su forma más elemental el juego lo realiza el niño en solitario con sus propios miembros o con instrumentos. En edad más avanzada el juego tiene generalmente a transformarse en actividad social, realizada por varios de acuerdo a unas reglas tácita o expresamente admitidas por todos.
El juego tiene un alto valor educativo dado el estímulo del interés, desarrollo del sentido de observación, cooperación y convivencia. La enseñanza no puede ser aburrida: el fastidium es un grave obstáculo para el aprendizaje.
Tiene también un valor psicoterapéutico en cuanto que por una parte sirve para el diagnóstico, al manifestarse conflictos y actitudes, y por otra parte puede ser utilizado para hacer comprender al niño de la persona sus problemas y enseñarle su solución. Por otro lado también sirve para mantener ocupado a la parte adulta del individuo y/o para ayudarle a reinsertarse en la colectividad.
La recreación, que se da por el concepto lúdico, es más necesaria para el intelectual y para el contemplativo, que son los que -por decirlo así- más "desgastan" las fuerzas del alma, sustrayéndola de lo sensible. Y "siendo los bienes sensibles connaturales al hombre" las actividades racionales requieren más el jugar.
Dentro de los diversos tipos de juego hay unos más beneficiosos que otros, en cuanto que enriquecen la personalidad (p. ej. los que favorecen los contactos sociales) o contribuyen al desarrollo físico, mientras que otros pueden ser desfavorables, como por ejemplo los juegos de azar. La cuantía de las pérdidas y ganancias puede quedar equilibrada, como en los juegos de suma nula, o simplemente finalizar en desequilibrio.
El exceso de juego puede ser noscivo. Tomás de Aquino afirmaba que de dos modos se puede dar ese exceso: uno, por el juego torpe y agresivo, como cuando uno, de juego o de broma, perjudica el próximo o se vale de palabras o acciones torpes; otro posible exceso se refiere a la ausencia de las debidas circunstancias de hora, sitio, materia o persona con quien se juega.
Tomás finaliza su análisis sobre el juego desde la percepción del vicio por defecto: la dureza de aquéllos que no saben jugar y, así, hacen la vida imposible y desagradable a los demás. De ahí surge la conducta negativa del no concurrir a la alegría común, de lo molesto y de lo aburrido en la convivencia: "Todo lo que se opone a la regla de la razón es vicio; y es obrar contra razón ser aburrido en la convivencia: siendo siempre desagradable e impidiendo el recreo ameno de los demás. Pecar por defecto en el juego es 'no proferir siquiera un chiste ni dejar que los demás bromeen' pues no toleran la gracia razonable de los demás". |